Cuéntame un cuento (a lo que años más tarde le
añadiría y verás que contento) ese libro azul que escondía mil y una historia y
que mi padre me leía antes de dormir. Además, el libro venía con un cassette
para escuchar los cuentos. Puedo afirmar que este fue mi inicio en la lectura
aunque más que lectora era oyente.

Cuando
aprendí a leer, El ogro de Cornualles
escribía en el Cuaderno de hojas blancas
que teníamos en la escuela. El largo verano me llevo a conocer a Eugenia
Mestre, probablemente, el libro que más recuerde de toda mi infancia. Pero Geny
también me acompaño en Navidad ya que regreso al pueblo con Goyo para visitar a
su abuela.


Un
día, llegó a mis manos un libro en el que, a pesar del título Antes de morirme, esperé que la protagonista
al final consiguiera superar la leucemia. A raíz de esta historia, mi visión
sobre la vida cambió un poco y comencé a entender el Carpe diem del que se ha hablado durante siglos.
Después
de este breve recorrido, puedo decir que la lectura ha sido y es «mi compañera del alma, compañera».
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